Una reflexión sobre el ciclismo actual

Hace unos años, Samuel Sánchez comentó en una entrevista que con la llegada de los potenciómetros había mejorado la calidad de todos los ciclistas, él empleó el término “raza”, decía que había mejorado la raza de los ciclistas.

Desde mi punto de vista es una afirmación acertadísima. Es algo que pude experimentar en mi mismo desde 1998 hasta el año 2.005 en el que consigo mi primera victoria con la enorme ayuda del equipo SCANIA, claro. Fueron 7 años de estudio de cómo entrenar con la potencia, de desarrollar un método y de publicarlo. Fueron todos los años posteriores, años de recogida de frutos, de podios y de triunfos.

La pregunta que nos podemos hacer es: ¿por qué llegan tan pocas escapadas a meta?, o incluso podríamos afinar la pregunta: ¿por qué son tan poco decisivas las escapadas que llegan a meta?. Es decir, sí se dan escapadas, pero llegan pocas, y las que llegan no producen muchos cambios en la clasificación general de la carrera.

Es una percepción personal y puedo estar equivocado. Ahora por ejemplo, escribo tras la victoria de Mikel Landa en Burgos. No me estoy refiriendo a este tipo de escapada, y sí, me referiré a este tipo de movimiento como la posible solución a la situación actual.

El efecto del entrenamiento con potencia en el pelotón ha sido la mejora de las cualidades del 90% de sus integrantes. Sigue habiendo gente que lo usa mal, que no lo usa, o que no le saca rendimiento.

De ese 90%, tenemos un 99% que hace labores de gregario y a mucha honra. Hay un 1% que son los líderes que creen en el potenciómetro. Existen líderes que ni lo usan ni confían en él.

La capacidad de mejora de un gregario es mucho mayor que la de un líder, y esto es fácil de entender.

Los ciclistas dedicados a ayudar a sus jefes han mejorado, pongamos desde un 7 sobre 10 a un 9 sobre 10.

Los líderes han pasado de un 9 a un 9, 2

Esto condiciona las escapadas.

Si se da una fuga, se le deja un minuto y medio y se controla. El gasto de los escapados ronda los 5 w/kg. En el pelotón, al ser más, lo pueden hacer con gasto medio de 4 w/kg. Por eso se sabe que si la escapada está formada por más de 10 corredores que entren activamente al relevo (5,2-5,3 w/kg de media en 2h) va a resultar imposible para los 7 ayudantes del líder poder echarla abajo. Van a tener que pedir colaboración.

Cuando esta circunstancia numérica no se da, la escapada en 2h ha agotado las reservas de glucógeno de sus componentes. Atrás están casi intactos.

Según se acerca el pelotón, se dan los arranques a 6 w/kg – 7 w/kg consumiendo las reservas de Fosfatos de alta energía y terminándose la gasolina para ser devorados por el grupo.

En ese momento, los muchachos que ha estado involucrados en la caza se disponen a descansar, y pueden llegar a 10 min de los esprinters o del que gane la etapa.

Tenemos unos líderes con unas diferencias mínimas sobre los gregarios.

Se ponen al frente del pelotón los segundas espadas de cada equipo. Faltan 10- 20 km para la meta. Si es llano tenemos asegurado el esprint. Si es en cuesta tenemos asegurada la subida en grupo de los líderes. Aunque no siempre. Se ha visto que si es un puerto largo y de un 6-8 % no se dan diferencias claras. Pero aunque sea corto, si es de un 17%- 20% siempre hay diferencias, y a eso lo llaman espectáculo, claro.

Es decir, volvemos a ver que para que se den diferencias en la montaña, ésta debe pasar de un 8% habitual a un 17% descomunal. La mejora de la preparación es tal, que ya con un 8% no se dan diferencias. Con un 17% sí se dan. Aunque no siempre.

Hemos visto gracias a los potenciómetros que el desarrollo de una potencia de 7w/kg se puede hacer de dos maneras en una cuesta de un 17%: una con 39 x23 a 54 rpm, apto para sufridores y de muy poco peso, o bien con un 34×32 y 90 rpm apto para corredores de mayor estatura y con entreno de cadencia.

Vista la premisa, vista la solución. La cadencia puede hacer que las diferencias se minimicen incluso en estas cuestas imposibles.

Pues bien, la solución imaginativa es la victoria de Mikel Landa en Burgos. Todos los líderes agrupados y arrancar a dos pasadas por el puerto que lleva a meta. Es decir, una apuesta a que yo, líder, soy más fuerte que la suma de tus mejores espadas en la distancia que queda a meta.

Esta apuesta debe ser muy medida, muy concreta y además, tener suerte de estar bien acompañado, con buenos corredores pero inferiores a ti en dicho final.

Lo dicho, se le puede dar una vuelta al ciclismo actual, pero ahora los que se deben poner las pilas con el potenciómetro son los líderes para volver a separarse del rendimiento del resto de los mortales.

 

 

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~ por Joseba Barron Arniches en 2 agosto, 2017.

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